9/2/08

Tres imágenes niponas

Se dice que el idioma japonés es especialmente rico en evocaciones simbólicas. Cuando, venciendo su inicial resistencia, Yoshiko se aviene por fin a traducir uno de mis torpes haikus, se encuentra en la necesidad de hacer dos versiones: una literal y otra poética. Luego me explica las diferencias y me doy cuenta de cómo las palabras evocan, más que dicen. Debido a que la fuerza de una sugerencia no se mantiene en los mismos términos cuando se vierte a otra lengua, las traducciones existentes de los clásicos japoneses dejan bastante que desear por lo general.

Tal vez por ello, los poemas más fáciles de entender son los más descriptivos, como estos tres que he seleccionado. Son tres maravillosas imágenes de la naturaleza. Tres imágenes que no vemos cuando salimos al campo. Es la poesía la que nos las descubre.

El primero es considerado por el crítico R. H. Blyth el mejor haiku de Buson (1716-1783):

Shira-tsuyu ya
ibara no toge ni
hitotsu-zutsu

Blanco rocío.
Cada púa en la zarza
tiene una gota.

El siguiente es de un poeta contemporáneo llamado Takashi. Una inolvidable imagen en movimiento.

Tako no kage
hashiri arawaru
yuki no ue

Sobre la nieve
se ve correr la sombra
de la cometa.


El último, imposible en la naturaleza y no por ello menos plástico, es de Issa Kobayashi:

Touyama ga
medama ni utsuru
tombo kana

Montes lejanos
refleja la pupila

de la libélula.

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