8/4/08

Sauce

Y el haz de árboles vetustos.

PUSHKIN

Crecí en un silencio de arabescos,

en una estancia fresca, de niños a principios de siglo.

No me interesaban las voces humanas,

pero comprendía bien la voz del viento.

Amaba cardos y ortigas,

y sobre todo mi sauce de plata.

Buen compañero toda la vida,

sus ramas llorosas

abanicaban mi insomnio con sueños.

Y, quién lo dijera, le he sobrevivido.

Allí queda su tronco, y con voces extrañas

hablan otros sauces

bajo el cielo nuestro. Y yo callo...

Como si se hubiera muerto un hermano.

1940


Anna Ajmátova

(En: Anna Ajmátova y Marina Tsvetáieva: El canto y la ceniza. Antología poética. Selección y traducción de Monika Zgustova y Olvido García Valdés. Círculo de Lectores. Barcelona. 2005)

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