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9/2/08

Bajo el vuelo de cometas

Bajo el vuelo de cometas

Día húmedo y azul. En el Forum, bajo la placa fotovoltaica que nos cobija como un tejado inverosímil, miramos el mar adormecido. Las olas llegan cansadas, convertidas en una lámina plateada y finísima. Entre la orilla y el horizonte se interpone la inmensidad.

Yoshiko ya tiene su bicicleta y se siente una barcelonesa más pedaleando bajo las cometas que los niños vuelan en la playa. Nos acompañan sus amigas Naho y Satomi con sus bicis alquiladas para la ocasión. Llegamos hasta el puerto viejo y recorremos el Moll de la Fusta para terminar junto a la estatua de Colón. La ciudad chisporrotea: alegres oleadas de turistas bajan de las Ramblas para cruzar por la pasarela de madera hasta el Maremàgnum. Miro los blancos mástiles de los veleros. Los peces arañando la superficie oleosa del agua. Los alegres rostros de mis compañeras. La dulzura de este invierno mediterráneo. En mi memoria, un haiku:

Ware ima koko ni.
Umi no aosa no
kagiri nashi.

Yo, ahora, aquí.
El azul de un mar
que no tiene límites.

(

¿Cómo creer que son sueños los sueños?

La realidad y los sueños

Ayer, día 15 de enero, celebramos el Dondoyaki. Yoshiko ha adornado la casa con ramitas de pino. Dice que en su país esas ramas se queman en las plazas como culminación de una fiesta que recrea la llegada del año nuevo con sus buenos augurios, sus promesas y sus esperanzas de mejora. Hemos quemado simbólicamente un manojo de hojas secas. En lugar de hacer el ritual sintoísta que se practica en estas ocasiones frente al altar doméstico, simplemente me ha pedido que exprese un deseo antes de encender las hojas.
-Que lo que estoy viviendo este año no acabe siendo sólo un sueño.
A continuación, ella ha expresado el suyo:
-Que nieve este invierno.
Bebimos mucho sake. Hoy nos hemos levantado con dolor de cabeza.

Hay un haiku del monje Saigyo que dice:

Si yo no creo
que lo real sea real,
¿cómo creer

que son sueños los sueños?

Conciencia del presente

Conciencia del presente

Ha llegado el frío. Ahora nos queda la esperanza de que caiga nieve sobre la ciudad y podamos asomarnos a la ventana para ver caer los copos lentamente.

Tengo problemas de traducibilidad. Yo he intentado escribir en español algunos haikus invernales con la métrica clásica, 5-7-5, pero si se traducen al japonés no suenan bien. Al parecer, el haiku debe ser escrito en un japonés que suena a antiguo, pues son expresiones sumamente condensadas, sintéticas, en las que es más importante lo evocado que lo dicho.

Yuki ga furufuru
yuki mite oreba


En este poema de Taneda Santoka (1882-1940), aparte de que se rompe la estructura clásica con la conversión de dos versos de cinco sílabas en uno de siete, la duplicación del verbo furu (nevar) es difícilmente traducible, pues no podemos escribir «nieva-nieva». Y la repetición del sustantivo yuki (nieve) al inicio de ambos versos marca por completo el sentido poético, que se pierde si lo traducimos al inglés:

The snow falls
when I’m watching the snow falling.


La repetición, aquí en el verbo al final de cada verso, cambia el sentido. Pierde protagonismo la nieve y lo gana el hecho de que está nevando. Sutil diferencia.

La nieve cae sin cesar
cuando miro cómo la nieve cae.

En español, si elimino el gerundio me da la impresión de que estoy congelando el momento presente, y puedo recuperar así algo del sentido que tiene en japonés. Pero no llego a apresarlo; se escapa. En la edición de la que he sacado el poema se explica que lo importante en este haiku es la conciencia del presente que muestra Santoka: el estar aquí y ahora. Cuando nos situamos en actitud de apreciar el presente y nada más que el presente, es cuando el mundo acontece.

(

Pequeños remedios poéticos

Pequeños remedios poéticos

Como este invierno no nieva, la mía va a ser una nieve soñada:

Nieva en mi sueño.
Me asomo a la ventana
y veo caer pétalos

de la flor del cerezo.

Como esta mañana estaba nublado y no he podido ver nuestro precioso satélite, lo he arreglado:

De madrugada,
invierno de cielo azul,
toco la luna.


Como además de estar nublado, no había nieve y me he quedado helado, le he puesto un poquito de imaginación para mejorarlo:

En las montañas
de mis sueños blancos

nunca hace frío.

Son terapéuticas y eficacísimas las virtudes del haiku.

(

Estampas de dulce invierno

Estampas de dulce invierno

En bicicleta, por el puerto, recorremos el muelle bajo la vigilancia de unas inmensas gaviotas cuyo graznido recuerda la voz de un niño aterrado. Perezosamente va saliendo el sol y nos animamos a subir a Montjuïc. Afrontamos unas cuestas que se nos hacen interminables y llegamos hasta el castillo. Bordeándolo por el lado del mar hay unas vistas espléndidas sobre las grúas y contenedores del puerto. El panorama es de una belleza oxidada, como la de una naturaleza muerta, pero el aire nítido y grisáceo le confiere una apariencia de pintura hiperrealista, devota de los detalles, donde los brillos metálicos han quedado sabiamente atenuados por restos de herrumbre. En aquel mirador de Montjuïc, bajo los pinos, están colocando unas mesas; han sacado también una gran escultura de Buddha. Es un bar alternativo. Nos tomamos un refresco brindando por el suave invierno mediterráneo, ahora desvanecido. Al fondo se oye el canto nupcial de una tórtola, como un anticipo.

Entonces invento un haiku.

Invierno puro.
Un pajarillo alegre
canta a la vida.

Sin prisa alguna, descendemos por un camino que nos lleva hasta el cementerio.

(

Homogéneo, pero libre

Homogéneo, pero libre

A mí nadie me obliga a comprar nada. Soy libre. Y libremente me apunto a esto tan fantástico de hacerle un regalo a la persona a quien amas. Mi regalo es un haiku. Es uno de mis favoritos, de mi haijin favorito, Teneda Santoka.

Kokoro tsukarete
yama ga umi ga
utsukushisugiru

Las montañas, el mar...
Tengo agotado el corazón
de tanta hermosura.

(

Bajo la lluvia, una libélula

Bajo la lluvia, una libélula

Pasado mañana he de presentar un trabajo. No tengo tiempo para nada más que para resarcir el cansancio con un haiku:

つかれた脚へ
とんぼとまった

Tsukareta ashi e
tonbô tomatta

En mis piernas cansadas
se ha posado
una libélula.

Haiku de primavera

Haiku de primavera

Las golondrinas se han adelantado al calendario y nos visitan desde hace días. Yo las veo volar en torno a las cornisas. Son magníficamente aerodinámicas, con su vuelo ondulado, rápido y silencioso. La especie que más se ve por aquí es el llamado avión común (Delichon urbica), que luce un precioso contraste de color blanco y negro, como un esmoquin elegante y flexible, pegado al cuerpo. Frente a ellas, tan sibilinas, el vuelo de un gorrión o un verdecillo es de una torpeza incalificable.

Les dedico un haiku:

Líneas fugaces
dibujan en el aire

las golondrinas.

(

Tres imágenes niponas

Tres imágenes niponas

Se dice que el idioma japonés es especialmente rico en evocaciones simbólicas. Cuando, venciendo su inicial resistencia, Yoshiko se aviene por fin a traducir uno de mis torpes haikus, se encuentra en la necesidad de hacer dos versiones: una literal y otra poética. Luego me explica las diferencias y me doy cuenta de cómo las palabras evocan, más que dicen. Debido a que la fuerza de una sugerencia no se mantiene en los mismos términos cuando se vierte a otra lengua, las traducciones existentes de los clásicos japoneses dejan bastante que desear por lo general.

Tal vez por ello, los poemas más fáciles de entender son los más descriptivos, como estos tres que he seleccionado. Son tres maravillosas imágenes de la naturaleza. Tres imágenes que no vemos cuando salimos al campo. Es la poesía la que nos las descubre.

El primero es considerado por el crítico R. H. Blyth el mejor haiku de Buson (1716-1783):

Shira-tsuyu ya
ibara no toge ni
hitotsu-zutsu

Blanco rocío.
Cada púa en la zarza
tiene una gota.

El siguiente es de un poeta contemporáneo llamado Takashi. Una inolvidable imagen en movimiento.

Tako no kage
hashiri arawaru
yuki no ue

Sobre la nieve
se ve correr la sombra
de la cometa.


El último, imposible en la naturaleza y no por ello menos plástico, es de Issa Kobayashi:

Touyama ga
medama ni utsuru
tombo kana

Montes lejanos
refleja la pupila

de la libélula.

Contra la interpretación

Contra la interpretación

En el haiku no hay que buscar sentidos profundos, ni símbolos, ni metáforas. No hay que hacer interpretaciones. Los símbolos, las lecturas «entre líneas», las interpretaciones desvirtúan lo que el haiku dice. Y el haiku dice lo que dice, y nada más. A veces describe o dibuja una imagen. Otras veces evoca una sensación. Siempre es un pequeño, aparentemente insignificante, fragmento de realidad.

¿Por qué no aceptar la realidad así, tal y como se muestra?


笠にとんぼをとまらせてあるく

Kasa ni tonbo o tomarasete
aruku

Al andar, las libélulas
se van posando en mi sombrero de junco



(Taneda Santôka. Traducción de Vicente Haya).

El Kokinshuu

El Kokinshuu

Admiro la belleza de los poemas del Kokinshuu. No son haiku sino waka, una forma más clásica, típica del interesantísimo período Heian (siglos X y XI), que no excluye la temática amorosa y la expresión abierta de sentimientos.

Karigomo no
omoimidarete
ware kou tou
imo shiru rame ya
hito shi tsugezu wa

Mis pensamientos
como juncos dispersos
por su amor penan.
Si no hay quien se lo diga,
¿podrá saberlo ella?

Catorce haikus

Catorce haikus

Pasa un velero.
Lo empuja un viento suave.

Pasa un velero.
Lo empuja un viento suave.
El mar en calma.


Si abres los ojos,
el cielo se despeja.
Huyen las nubes.

Cansadísimo,
me tumbo en el tatami.
En nada pienso.

Escribo a solas
cuatro poemas malos
y tengo frío.

El gato atrapa
dos moscas que copulan
de un zarpazo.

Cae una hoja.
Nada en mi pensamiento.
Sólo el silencio.

Flor del cerezo.
Una abeja escondida
sale zumbando.

Nubes grisáceas
se desplazan hacia el mar
sin lágrimas.

En la mañana
bañado de rocío,
desnudo el árbol.

Abro los ojos:
cielo azul, añil el mar.
Feliz, los cierro.

Ventana abierta.
Miro desde el tatami
las nubes blancas

Estelas blancas
en el azul del cielo.
Ningún sonido.

¡Guarda silencio!
Una mosca en el techo
está dormida.

Un viento suave
sobre el rostro del niño
mueve su pelo.

El 'haiku' de los aviones

Arte e infortunio

El otro día, por fin, Yoshiko se a

Yo declaro ser un tipo feliz: no puedo ser artista. Además, defiendo la democracia representativa y el libre mercado por considerar que son dos ingredientes que nos han llevado a altas cotas de libertad, bienestar, civilización y progreso. Soy, por tanto, un hombre del sistema. Un vulgar capitalista. ¡Justo la antítesis del artista desdichado!

Y ahora el haiku de los aviones:

Estelas blancas
en el azul del cielo.
Ningún sonido.

White trails
up in the blue sky.
No sound.


飛行機雲
群青の空に
音もなく

hikou kigumo
gunjou no sorako

oto monaku

A veces, en los momentos de mayor tensión, cuando ya no sé qué pensar, me acojo a una i

Refugio poético

A veces, en los momentos de mayor tensión, cuando ya no sé qué pensar, me acojo a una i

A veces, en los momentos de mayor tensión, cuando ya no sé qué pensar, me acojo a una imagen natural y tranquila. Es un haiku: una sensación, una experiencia. Es buscarle significación a lo pequeño. Esto me sirve de consuelo y me eleva el ánimo. Otros rezan.


I drop a pebble.
The water gives me back
concentric circles.

Tiro una piedra.
El agua me devuelve
círculos concéntricos.