¿Por qué el amor? –pregunta los reprimidos.
¿Cómo es este amor? –preguntan los enamorados.
¿Cuándo hacemos el amor? –preguntan los amantes.
¿Y para qué el amor? –pregunta el suicida. "

"En España se lee más poesía que nunca", asegura. Algo que no le extraña en un país dado al verso, "el que más de Europa, aunque no lo parezca", comenta, y donde se prefiere leer a los poetas vivos que a los muertos: "Somos así de gilipollas". Él los conoce bien, los trata intensamente y los divide en dos clases que al final convergen en una. "Los hay de dos estilos, los que escriben del amor y los que indagan en la vida. Ahora, todos, al final se parecen en algo: siempre se creen el ombligo del mundo". (CHUS VISOR: "Todos los poetas se creen el ombligo del mundo". El País, ed. Galicia, Última, 27/06/2008)

NO DEJO de repetir el primer verso
y corregir la palabra:
-«Puse la mesa para seis»...
Te olvidaste de uno, el séptimo.
Estáis tristes los seis.
Ráfagas de lluvia cubren vuestros rostros.
Cómo pudiste, en esa mesa,
olvidar el séptimo, la séptima...
Están tristes tus huéspedes,
aburrida la garrafa de cristal.
Desconsolados ellos, desconsolado tú,
y, más desconsolada, la que olvidaste invitar.
Sin alegría, sin brillo,
ah, no coméis ni bebéis.
¿Cómo pudiste olvidar el número?
¿Cómo te confundiste en el cálculo?
¿Cómo pudiste, cómo osaste no entender
que seis (dos hermanos, el tercero
-tú mismo- con tu mujer, y los padres)
eran siete -puesto que yo existo.
Pusiste la mesa para seis,
pero no se reduce el mundo a seis.
Para ser un espantajo entre los vivos,
prefiero ser un fantasma, con los tuyos,
(los míos...)
tímida como un ladrón,
¡sin rozar un alma siquiera!
Me siento en el lugar -la séptima-
delante del cubierto que no has puesto.
¡Por fin! ¡Volqué mi vaso!
Y todo lo que era preciso derramar,
-la sal toda de mis ojos, toda la sangre de las heridas-
desde el mantel al parqué.
Y ningún féretro, ninguna separación.
La mesa exorcizada, la casa despierta.
Como la muerte a un banquete de boda,
yo, la vida, presente en esa cena.
Nadie: ni hermano, ni hijos, ni esposo,
ni amigo; y un reproche, pese a todo:
tú -que pusiste la mesa para seis almas,
ni siquiera me pusiste en un rincón.
6 de marzo de 1941
(En: Anna Ajmátova y Marina Tsvetáieva: El canto y la ceniza. Antología poética. Selección y traducción de Monika Zgustova y Olvido García Valdés. Círculo de Lectores. Barcelona. 2005)

SE FUE, no como:
sin gusto el pan.,
Como cal es todo
lo que alcanzo.
… Para mí, era el pan,
era nieve.
La nieve ya no es blanca,
el pan es sin sabor.
23 de enero de 1940
(En: Anna Ajmátova y Marina Tsvetáieva: El canto y la ceniza. Antología poética. Selección y traducción de Monika Zgustova y Olvido García Valdés. Círculo de Lectores. Barcelona. 2005)

Tentativa de celos
¿Cómo te va la vida con otra?
Más fácil, ¿verdad? Golpe de remo.
¿Cuándo -¿pronto?- por un puente seguro
se alejó de ti el recuerdo
de mí, una isla que flota?
(En el cielo, no en el agua.)
Almas. No amantes,
sino hermanas son nuestras almas.
¿Cómo te va junto a una simple
mujer? ¿Sin divinidad alguna?
Tras haber derrocado a tu reina
(tú mismo privado del trono),
¿cómo vives?, ¿te preocupas?,
¿te enfadas? ¿Cómo estás al levantarte?
Con ésa que te ha atado al cuello
su tributo inmortal, el tedio, ¿cómo te va,
pobrecito mío? «-Estoy harto de convulsiones,
de dolor: voy a agenciarme un hogar.»
¿Cómo te va con cualquiera,
a ti, que fuiste elegido por mí?
¿Es la comida más comestible?
Y si te cansa, mala suerte.
¿Cómo puedes vivir con un idolillo,
tú, digno antes del Sinaí?
¿Cómo vives con ésa, tan distinta a nosotros?
¿Una extranjera, costilla de tu pecho?
¿La vergüenza, ese azote de Zeus,
aún no te ha herido la frente?
¿Cómo te va la vida? ¿Estás sano? Y las musas,
¿te llaman aún a veces? Y la dicha,
¿se hace ver? ¿Alguna vez? ¿Y esa llaga
inmortal -la conciencia- qué, mi pobre?
¿Cómo vives con un producto
del mercado? ¿Pesa mucho?
Tras el mármol de Carrara,
¿cómo te va con una prótesis de yeso?
Del mismo bloque tallamos a Dios,
para romperlo acto seguido.
¿Va bien una cienmilésima,
para ti, que conociste a Lilit?
¿Estás ya harto de esa mercadería
novedosa? Cansado de mi magia,
¿cómo te va con una mujer terrestre
que carece de sextos
sentidos?
Venga, con franqueza, ¿sois felices?
¿No? ¿Cómo se vive en un abismo sin profundidad,
amor mío? Cuesta, ¿verdad?
¿Te cuesta tanto como a mí con otro?
19 de noviembre de 1924
Marina Tsvetáieva
(En: Anna Ajmátova y Marina Tsvetáieva: El canto y la ceniza. Antología poética. Selección y traducción de Monika Zgustova y Olvido García Valdés. Círculo de Lectores. Barcelona. 2005)
El último brindis
Bebo por la casa devastada,
por el dolor de la vida,
por la soledad en pareja,
y también bebo, brindo por ti.
por el falso labio que me traicionó,
por el frío mortal en los ojos,
porque es el mundo adusto y brutal
y porque no nos ha salvado Dios.
1934
Anna Ajmátova
(En: Anna Ajmátova y Marina Tsvetáieva: El canto y la ceniza. Antología poética. Selección y traducción de Monika Zgustova y Olvido García Valdés. Círculo de Lectores. Barcelona. 2005)
LE GUSTABAN tres cosas en la vida:
Pavos reales blancos, canciones al atardecer,
Y desgastados mapas de América.
Detestaba el lloriqueo de los niños,
Confitura de frambuesas para el té,
Y la histeria femenina…
Y yo era su mujer…
Anna Ajmátova
(En: Anna Ajmátova y Marina Tsvetáieva: El canto y la ceniza. Antología poética. Selección y traducción de Monika Zgustova y Olvido García Valdés. Círculo de Lectores. Barcelona. 2005)
APRETÉ las manos bajo el velo oscuro...
-¿Por qué estás tan pálida hoy?
-Con áspera tristeza
embriagué a mi amado.
¿Cómo olvidarlo? Salió tambaleante,
prietos los labios por el dolor.
Bajé tras él volando
hasta llegar al portal.
Sin aliento grité: -Era en broma
lo que dije; si te vas, moriré-.
Sonrió con calma extraña:
-No te expongas al viento.
Kiev, 1911
(En: Anna Ajmátova y Marina Tsvetáieva: El canto y la ceniza. Antología poética. Selección y traducción de Monika Zgustova y Olvido García Valdés. Círculo de Lectores. Barcelona. 2005)
“Se ha ocultado la luna. También las Pléuades. Es la media noche y las horas se van deslizando y yo duermo solitaria.””
Se fue
Se pusieron las Pléyades
Es medianoche
Pasa el tiempo
Estoy sola
“Se han puesto la luna y las Pléyades; ya es media noche; las horas avanzan, pero yo duermo sola.”
“Se pusieron, pues, la luna y las Pléyades. Y medias noches. Y resbala el tiempo. Y yo estoy acostada.”
“La luna luminosa
Huyó con las Pléyades;
La noche silenciosa
Ya llega a la mitad.
La hora pasó, y, en vela,
Sola en mi lecho, en tanto,
Suelto la rienda al llanto
Sin esperar piedad.”
El poema conservando métrica y aliteraciones (de Gabriel Zaid):
“La luminosa luna
Y las Pléyades
Se han metido en el lecho
Del mar. Medianoche.
Van pasando las horas
Primaverales.
Y yo sola en mi lecho”
“Siguiendo la pista falsa del origen popular, hice otros intentos que no se justifican más que de pilón” (Gabriel Zaid):
“La luna se meta al mar
Y se lleva las estrellas,
Y yo me voy a quedar
Mirando al cielo, sin ellas.
La luna apagó la luz,
Con las Pleias se acostó;
Y, a oscuras, pasan de largo
Las horas, la noche y yo.
Ya la luna se metió
Con la estrella más bonita,
Pero aquí me quedo yo
Para acostarme solita.”
(Gabriel Zaid: Un poema de Safo. Letras Libres, Marzo, 2008, p. 42 y 45)
Cuando veo por la calle
Hombre y mujer de la mano
O cogidos por el talle
Pienso que riñen en vano
Reñían ayer a voces
Hoy no se dicen ni pío
Mañana quizás los roces
Serán memoria de un lío
Pasado mañana ríen
Cuando salen de paseo
Los disgustos se deslíen
Y despierta el deseo
El deseo de andar juntos
Y cogidos de la mano
Sin pensar en más asuntos
Que los planes de verano
Lorenzo Gomis
Admiro la belleza de los poemas del Kokinshuu. No son haiku sino waka, una forma más clásica, típica del interesantísimo período Heian (siglos X y XI), que no excluye la temática amorosa y la expresión abierta de sentimientos.
Karigomo no
omoimidarete
ware kou tou
imo shiru rame ya
hito shi tsugezu wa
Mis pensamientos
como juncos dispersos
por su amor penan.
Si no hay quien se lo diga,
¿podrá saberlo ella?